Carta camino al cielo
EL CAMINO AL CIELO AQUÍ EN LA TIERRA
Compartir con ustedes la experiencia que acabo de vivir significa rendirme públicamente ante la grandeza de la energía femenina y la grandeza de la energía masculina.
Este ha sido uno de los más hermosos regalos que la vida me ha dado. Esta ha sido la razón de mi vida. Por esto vivo y ahora quiero compartirlo contigo.
Hoy me siento profundamente honrada de ser mujer y de lo que ello implica, siento un inmenso amor y respeto por los hombres y revisando el año, aprovecho para que esta carta sea mi ofrenda navideña y mis deseos para el 2011.
Antes de narrar mi reciente fin de semana permítanme contextualizarlo.
El trabajo realizado con mujeres durante los últimos seis años nos ha permitido definir un nuevo concepto de poder femenino. A diferencia de lo que se ha entendido últimamente como resultado de los necesarios movimientos históricos de género, poder femenino no es ser independiente, no es ser autoritaria, no es ser decidida, no es ser madre soltera, no es competir con un hombre ni ser autosuficiente económicamente.
Todo esto, lo hemos demostrado, lo podemos lograr y las luchas por la igualdad han permitido que las mujeres borremos el concepto de que somos incapaces o insuficientes. Sin embargo saberlo no nos ha hecho felices.
Hemos pagado precios muy altos: un incremento considerable del índice de muerte por cáncer de mama y cérvico uterino, órganos femeninos afectados por la rabia y el resentimiento, mayor índice de alcoholismo en mujeres para anestesiar tanta impotencia y soledad, separaciones y rupturas constantes de las parejas mayor violencia intrafamiliar y un incremento de muertes crueles, sádicas y masivas a mujeres. Todo esto lo podemos llamar desencuentro.
No quiero decir que sólo el mal uso de nuestro poder sea el causante de este panorama pero si tiene que ver, y mucho. Seguimos siendo sacrificadas.
Las mujeres somos la fuente de la vida, somos el bálsamo que calma la bravura del sol, somos la luna que alumbra la oscuridad de la noche, somos el agua que riega el corazón.
El poder femenino tiene que ver con nutrir con equilibrar con AMAR.
Los grupos de mujeres en Vincalma quieren generar alianza, vinculación y poder entre mujeres para tener la fuerza de amarnos y amar a los hombres. Los grupos de mujeres en Vincalma buscan que nos perdonemos y reconciliemos con nuestra energía sexual femenina. Que limpiemos las cargas de abuso y violencia y rabia de nosotras y de varias generaciones pasadas que han generado una energía de venganza irreconciliable con el Amor, que nos ha llevado a deshacer al hombre a verlo para abajo, a controlarlo sexualmente, a castrarlo, a culparlo de todo. Nuestra lealtad a las mujeres del pasado no nos permite liberarnos de este deseo de venganza.
Hoy es tiempo de reconciliación de los sexos, es tiempo de que las mujeres nos reconciliemos y aliñemos a nuestra energía femenina y los hombres a su energía masculina para que usen adecuadamente su fuerza y el lugar que les corresponde. Cada quien desde su lugar, cada quien desde su poder.
Además de los grupos de mujeres y de los grupos de hombres, de los talleres de la ruta de la conciencia: la reconciliación de los sexos, Vincalma promueve viajes llamados “viaje de señales del femenino” y “viaje al corazón”.
Estos últimos viajes están diseñados para los hombres, para tocar el corazón de los hombres. Sintiéndose amados, contenidos y aprobados por mujeres logran tomar decisiones de vida radicales y contundentes.
Empieza aquí la experiencia maravillosa que acabo de vivir y que quiero llamar. “ El camino al cielo aquí en la tierra”.
Esta experiencia ha sido el premio de tanto esfuerzo y confirma la esperanza que me ha movido en los últimos 10 años. No es una experiencia personal, es la esperanza de todos los seres humanos.
En un viaje al corazón, supimos que en Morelia acababan de tener un accidente 8 mujeres. Mujeres empoderadas luchando por el lugar de la mujer. Dos de ellas murieron y las otras 6 muy lastimadas pero la más, la líder del grupo que aun se encuentra en coma.
Al escucharlo no tuve la menor duda de que teníamos que ir, hacer una cadena de amor y alianza con este grupo de mujeres. Probablemente había una pesada carga transgeneracional en esta tan común lucha de poder hombre mujer, sentía el dolor de todas ellas. Ese dolor que ha separado a tanta gente.
Pasaron 15 días y a pesar de mi certeza, la carga de trabajo, la distancia física y el cansancio acumulado desviaban esa prioridad.
Sin embargo nuestro Hombre del viaje, fue el que me da el empujón. Me llamó para preguntarme: “¿Cécile, ya fuiste a Morelia?” Mi corazón dio un vuelco.
Estaba aplazando algo importante y no tenía la fuerza… “Te doy un ride!”.
Preparamos todo y un día antes los noticieros anunciaban que Morelia estaba sitiada con varios coches incendiados en las entradas lo que provocó un estado de pánico y alarma; no pararon las llamadas de no vayas, no necesitas ir para hacer oración, piensa en tus hijos, no te arriesgues, es tu ego, estas buscando reconocimiento…
Sin embargo la certeza era completa, la tranquilidad y la confianza también. La disposición de nuestro Hombre era clave, porque después de demostrar tanta fortaleza soy nuevamente vulnerable y me alegra permitírmelo. No tenía la fuerza de manejar sola como lo he hecho en los últimos años.
El nunca dudó. No sabía bien de que se trataba y tampoco preguntó. Porqué estaba él aquí? Nada lo une a mí. No hay relación de pareja, ni sexual. Apenas nos conocemos, debe ser algo grande pensé…
Estábamos juntos en un camino hacia el amor.
Durante el viaje experimentamos ambos una paz increíble, una fusión que solo se logra cuando cada quien ocupa su lugar. Una fusión que tiene mucho que ver con sexualidad pero nada que ver con genitalidad.
Éramos uno cada quien consigo mismo, éramos uno los dos, éramos uno con el paisaje, éramos uno con el universo. El atardecer nos cubría con su manto dorado, no había nada que temer. No cruzamos ningún reten. No vimos ningún incendio, nadie dejo de sonreírnos, atendernos.
Llegamos a nuestra cita. Hicimos un corazón con veladoras frente al hospital, exactamente en el mismo lugar donde unos meses atrás secuestraron al esposo de una hermana de vinculación. Caí en cuenta que nuestro hombre ya no me acompañaba, estaba ahí para él, presente, sin entender pero con todo el corazón puesto en ese momento.
Hicimos la cadena de oración y sus palabras son la recompensa, sus palabras le dieron sentido a años de soledad, le dieron sentido a tantas cosas que no puedo más que estar agradecida, conmovida y con un deseo infinito de conquistar el amor en todas las áreas de mi vida, pero sobre todo a honrar a los hombres con todo mi espíritu. No importa lo que hayan hecho, no importa el tiempo que se hayan escondido, no importa lo cobardes que hayan sido, no importa tanto daño, tengo la certeza de que existe la esperanza de que surja el ser verdadero, la esencia de cada hombre y mujer, que el amor le gana siempre al miedo.
Estas fueron sus palabras: “ Mujer, no te conozco personalmente pero estoy aquí en representación de todos los hombres, de la energía masculina. Vengo a hacer las paces contigo, vengo a orar por ti y de esa forma equilibrar aquello que no está equilibrado. Estoy aquí porque quiero que vivas, vengo a hacerme responsable de mi lado oscuro, estoy aquí para honrar a las mujeres. Estoy hoy aquí porque unas mujeres suavizaron y regaron mi corazón, estoy lleno de amor y de paz. Quiero la reconciliación, quiero la paz entre el hombre y la mujer “.
Vincalma le apuesta al amor.
Vincalma le apuesta al hombre verdadero que asume su lado oscuro y no necesita sacrificar a una mujer.
Vincalma le apuesta a la mujer verdadera que sabe ser vulnerable, condición básica para creer en el hombre y dejarlo actuar.
Vincalma le apuesta al amor porque sabe que es lo único que puede vencer el miedo de ser uno mismo.
Vincalma le apuesta a la reconciliación de los sexos.
Que el amor de Dios llene y renueve tu corazón.
Amén









